Centro Aruna · Vigo

  • Inicio
  • Terapias
    • Osteopatía Biodinámica
    • Terapia Craneosacral
    • Reflexología Podal
    • Masaje Terapéutico
    • Masaje para embarazadas
  • Meditación
    • Grupos de meditación
    • Sala Aruna
    • Retiros en Vigo
    • Libros para descargar
  • Blog
    • Reflexiones
    • Historias del despertar
    • Varios Salud
      • Terapias alternativas
      • Suplementos
      • Alimentación
      • Batidos verdes
      • Recetas
      • Infusiones
  • Acerca de mí
    • Biografía
    • Formación
    • Entrevista
    • No Dualidad
      • Despertar no basta
      • No mereces nada
      • La utilidad de que algo te preocupe
      • Tu no eres nadie
      • Leer para saborear
    • Salud Terapia
      • Por qué no puedo dejar de pensar
      • La meditación no es controlar
    • Espiritualidad Pamplona
      • La meditación facilita la toma de decisiones
      • La meditación como vía de autoconocimiento
      • Las creencias nos condicionan
      • Mientras hay esperanza, no hay vida
      • Leer para saborear y no para saber
      • La meditación no es controlar
  • Biblioteca
  • Contacto
Portada » La espiritualidad como premio (de consolación)

julio 8, 2026 Por Jordi Casals Deja un comentario

La espiritualidad como premio (de consolación)

Todos queremos lo mismo. Da igual dónde hayas nacido, en lo que creas o cómo hayas decidido vivir. Todo lo que haces, de una forma u otra, está dirigido a estar mejor: a ser feliz, a sufrir menos, a sentir que la vida merece la pena. Lo llames como lo llames, lo reconozcas o no, en eso estás.

Así que la cuestión no es si queremos ser felices. La verdadera pregunta es dónde buscamos esa felicidad. Y, sobre todo, por qué algunas personas parecen haberla encontrado sin haber oído hablar nunca de desarrollo personal ni de meditación.

Seguro que conoces alguna historia parecida. Un alto directivo abandona una carrera brillante para abrir una escuela de submarinismo en un pueblo de la costa de Irlanda. Una abogada deja un despacho prestigioso para dedicarse a pintar. Un amigo espera al fin de semana para perderse en la montaña, o cuidar su jardín, o tocar la guitarra hasta que anochece sin darse cuenta.

Desde fuera, sus padres pueden pensar que han renunciado al éxito para perseguir un capricho. Pero quizá sea justo al revés. Han renunciado a una vida de insatisfacción constante para elegir otra en la que, por fin, la atención se enfoca y los llena por completo.

Porque eso es exactamente lo que ocurre cuando alguien está entregado del todo a lo que ama. Al centrar la atención, el tiempo deja de percibirse. No es que pase más deprisa, es que deja de existir. No hay ayer, no hay mañana, no hay una voz calculando si aquello merece la pena. Solo queda la actividad.

Y junto con el tiempo desaparece algo todavía más importante. Desapareces tú. O, al menos, desaparece la idea que tienes de ti misma: ese personaje que normalmente ocupa el centro de la experiencia. Esa voz que compara, juzga, anticipa, recuerda, se preocupa y quiere controlar el resultado. Deja de haber alguien intentando dirigir la vida y solo queda la vida sucediendo.

Y esta es la clave: la felicidad no aparece porque estés pintando, buceando, tocando la guitarra o subiendo una montaña. Aparece porque dejas de vivir dividida. Normalmente una parte de ti está en el pasado, otra en el futuro, otra pendiente de la imagen que das y otra intentando controlar lo que va a pasar.

Pero cuando una actividad te absorbe de verdad, toda esa dispersión empieza a reunirse. La atención deja de perseguir mil objetos y se recoge en uno solo. Y cuando se reúne del todo empieza a expandirse y a volver hacia su propia fuente.

Detente un momento aquí, porque esto puedes comprobarlo tú misma. Trae a la memoria alguna vez en que estuvieras tan absorta en algo que el tiempo desapareció. No hace falta que fuera nada espectacular: tocar un instrumento, cocinar, bailar, caminar por el monte, una conversación que te atrapó, un trabajo hecho con las manos. Recuérdalo un instante.

Y ahora, en lugar de fijarte en lo que hacías, fíjate en lo que te ocurría a ti. Verás que durante esos minutos aquella voz que siempre comenta, compara y se preocupa se había quedado en silencio. La idea que tenías de ti misma se volvió tan tenue que desapareció. Y justo ahí, cuando dejaste de estar pendiente de ti, como algo separado de la experiencia, apareció la plenitud. Merece la pena que te hagas la pregunta despacio: ¿estaba lo bueno en la actividad, o en que por un rato dejaste de estar dividida?

Porque solemos pensar que la felicidad está en el objeto. En la montaña, el lienzo, la música, el jardín, el mar, el libro, la persona amada. Pero el objeto no es la fuente de la felicidad. Es la puerta que permite que dejes de sentirte separada de la experiencia.

Conviene hacer un matiz, porque no toda pasión lleva hasta ahí. Hay quien se dedica a la música porque quiere ser famoso. Hay quien pinta para demostrar que es especial. Hay quien trabaja sin descanso buscando reconocimiento, dinero o admiración. Por fuera puede parecer que se entrega a su pasión. Por dentro, todo sigue girando alrededor del personaje.

La diferencia no está en la actividad, sino en la dirección de la atención. Cuando amas algo de verdad, acabas olvidándote de ti. Cuando usas algo para alimentar tu identidad, nunca desapareces del todo. La actividad puede ser noble, creativa, incluso admirable. Pero si está al servicio del personaje, la atención no regresa a su fuente, solo cambia el decorado.

Por eso una pasión auténtica tiene mucho de camino espiritual. Empieza enfocada en un objeto y termina en la fuente de la atención. Empiezas mirando aquello que quieres plasmar en un lienzo y, si la entrega es verdadera, acabas olvidándote de la que mira. Ya no hay un pintor frente al lienzo, solo queda el acto de pintar. Empiezas tocando una guitarra y acabas desapareciendo en la música.

Hay incluso quien llega a ese mismo lugar a través del sufrimiento. Cuando una enfermedad grave o una pérdida importante irrumpe en la vida, muchas de las preocupaciones que antes ocupaban casi toda la atención dejan, de golpe, de tener importancia. No porque el sufrimiento sea deseable, sino porque obliga a reunir una atención que hasta entonces estaba dispersa. A veces, desde ese recogimiento inesperado, aparece una paz que la persona nunca había conocido.

Y de esto va la verdadera espiritualidad. Del regreso de la atención a su fuente. Una persona espiritual entiende este proceso y lo observa con cuidado en sí misma. Ve que detrás de experiencias muy distintas (el arte, el deporte, la contemplación, incluso el sufrimiento) hay un mismo movimiento: la atención deja de perderse en los objetos y regresa hacia su origen.

Unos llamaron a ese origen conciencia. Otros lo llamaron presencia, espíritu o Dios. Hay quien lo llamó, simplemente, belleza. Y hay quien no le puso ningún nombre, que a veces es lo más sensato. Los nombres cambian, las tradiciones cambian, los mapas cambian. Pero la experiencia a la que apuntan es la misma.

La diferencia es que algunas personas llegan ahí gracias a un objeto concreto que les sirve de puerta. Su pasión las lleva hasta la presencia sin que necesiten llamarla de ninguna manera.

Pero no todo el mundo encuentra una pasión así. Y no pasa nada. No todos nacemos con una vocación clara, ni damos con una actividad capaz de absorbernos por completo, ni descubrimos ese lugar donde el tiempo se detiene y el personaje desaparece. Eso no significa estar condenado a vivir lejos de la felicidad.

Ahí es donde el camino espiritual cobra todo su sentido. Y no hablo de religión, ni de abrazar un conjunto de creencias. La espiritualidad, entendida de forma limpia, es un mapa de regreso. Explica cómo volver, de manera consciente, al mismo lugar al que otros llegan de forma espontánea. Por eso digo que es, para la mayoría, un premio de consolación. No porque sea un camino inferior, sino porque ofrece una puerta cuando la vida no nos ha regalado otra.

No necesitas unos pinceles, una guitarra, una montaña ni una escuela de submarinismo. Tampoco necesitas esperar a que la vida te ponga contra la pared para descubrirlo. Solo necesitas comprender cómo funciona tu atención y cómo se relaciona con la felicidad. Porque la atención es el camino con el que sales al mundo, pero también el único con el que puedes volver a casa.

La pasión te llama, el sufrimiento te empuja, la comprensión te abre la puerta. Los tres caminos parecen distintos, pero el destino es el mismo: nuestro verdadero ser, la fuente de la atención.

Porque llevas toda la vida buscando la felicidad en aquello que miras: en lo que consigues, en lo que pierdes, en lo que deseas, en lo que temes. Y nunca estuvo ahí. Estuvo siempre aquí: en el lugar desde el que miras.

 

Más sobre el autor:
Jordi Casals

 

 

Para seguir profundizando

Si esta reflexión ha despertado en ti alguna pregunta, puede interesarte ¿Quién soy yo? La búsqueda sagrada, de Jean Klein.

Más que un libro sobre la conciencia o un tratado de filosofía, es una indagación en forma de diálogo que, pregunta tras pregunta, te invita a dirigir la atención hacia quien experimenta, en lugar de hacia lo experimentado. A investigar por ti mismo qué es realmente ese «yo» que normalmente damos por supuesto y qué ocurre cuando ese «yo» se convierte en el objeto de tu propia atención.

Jean Klein fue uno de los grandes maestros de la tradición advaita del siglo XX e inspiró profundamente a figuras como Francis Lucille o Eric Baret, hoy referentes de la espiritualidad contemporánea. Sin embargo, su forma de señalar lo esencial conserva una sencillez y una claridad poco comunes. Su propuesta va directa al núcleo de la cuestión: mirar por uno mismo aquello que permanece cuando dejamos de identificarnos con todo lo que creemos ser.

Si sientes la invitación a volver la atención hacia su fuente, este libro puede ser un excelente compañero para continuar esa indagación.

Además, tenemos la suerte de que Ediciones Vía Directa esté recuperando y publicando en español su obra, acercando a nuevos lectores a uno de los maestros más discretos y, al mismo tiempo, más influyentes de la tradición advaita contemporánea.

Puedes encontrar ¿Quién soy yo? La búsqueda sagrada en la página de Ediciones Vía Directa.

 

Acceso a biblioteca

 

Otros artículos de interés:

  • Del fuego al silencio
  • El monje no hace a la espiritualidad
  • La meditación no despierta, la bofetada sí
  • Escuchar al otro es meditar
  • Las enseñanzas del dolor de muelas
  • ¿Por qué no puedo dejar de pensar?
  • Tú no eres nadie
  • La historia del despertar de Jean Klein
  • La meditación como vía de autoconocimiento

 

Más artículos en:

NoDualidad.info
SaludTerapia.com
EspiritualidadPamplona-Irunea.org

 

Más cosas de interés:

Más libros recomendados

Historias del despertar

No-Dualidad

Salud

Espiritualidad

Otras reflexiones

 

 

Si te interesa descubrir cómo acompañamos a cada persona en el Centro Aruna, puedes asomarte a nuestras sesiones de reflexología podal, terapia craneosacral, osteopatía biodinámica y a los espacios de meditación que abrimos cada semana.

 

Datelobueno.com





Comparte esto:

  • Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook
  • Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X
  • Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn
  • Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp
  • Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram
  • Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico
  • Imprimir (Se abre en una ventana nueva) Imprimir

Me gusta esto:

Me gusta Cargando...

Relacionado


Descubre más desde Centro Aruna · Vigo

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Publicado en: Meditación, Reflexiones Etiquetado como: Auto-observación, Autoconocimiento, Despertar, Meditación, Reflexiones

Deja un comentarioCancelar respuesta

Suscríbete al blog por correo electrónico

Introduce tu correo electrónico para suscribirte a este blog y recibir avisos de nuevas entradas.

Únete a otros 3.745 suscriptores

 

Secciones del Blog:

Artículos por meses:

Últimos artículos publicados:

  • La espiritualidad como premio (de consolación)
  • Saborear es meditar
  • Escuchar al otro es meditar
  • El síndrome del turista espiritual
  • El síndrome de Papá Noel
  • Libros recomendados · Febrero 2026
  • El síndrome de Don Quijote
  • Del pensamiento a la sensación (la historia de Lucía, parte I)
  • Un patrón llamado ego
  • Un instante sin peros
  • Preocuparse no es amar
  • No saben lo que hacen (y tú tampoco)
  • Del fuego al silencio
  • Las enseñanzas del dolor de muelas (I) – Dolor vs. sufrimiento
  • Libros recomendados – Octubre 2025

Últimos Comentarios:

  • Alicia Salabert en Escuchar al otro es meditar
  • Daniel en El síndrome del turista espiritual
  • Daniel en El síndrome de Papá Noel
  • Albert en El síndrome de Papá Noel
  • Alicia en El síndrome de Don Quijote

Etiquetas

Alimentación Arroz Aruna Auto-observación Autoconocimiento Batidos Berenjena Bienestar emocional Brécol Calabacines Champiñones Compatibilidades Comunicación Dejar de pensar Despertar Espinacas Espiritual Garbanzos Lectura Manzana Meditación meditación en Vigo MSM Nata no dualidad Patata Quinua Recetas Reflexiones Reflexología Rellenos Remolacha Retiro Salud Setas Suplementos síndromes Terapia Tofu Tortilla Uva Verduras Vigo Vivencias Zanahorias
Masquemedicos
Jordi Casals
Jordi Casals en Saludterapia

Suscríbete al blog por correo electrónico

Introduce tu correo electrónico para suscribirte a este blog y recibir avisos de nuevas entradas.

Únete a otros 3.745 suscriptores

PUEDES SEGUIRME POR AQUÍ:

  • Facebook
  • Instagram
  • LinkedIn
  • Twitter
  • WhatsApp

Entradas recientes:

  • La espiritualidad como premio (de consolación)
  • Saborear es meditar
  • Escuchar al otro es meditar
  • El síndrome del turista espiritual
  • El síndrome de Papá Noel
  • Libros recomendados · Febrero 2026
  • El síndrome de Don Quijote
  • Del pensamiento a la sensación (la historia de Lucía, parte I)
  • Un patrón llamado ego
  • Un instante sin peros
  • Preocuparse no es amar
  • No saben lo que hacen (y tú tampoco)
  • Del fuego al silencio

Jordi Casals en Saludterapia

Masquemedicos
Jordi Casals

Comentarios recientes

  • Alicia Salabert en Escuchar al otro es meditar
  • Daniel en El síndrome del turista espiritual
  • Daniel en El síndrome de Papá Noel
  • Albert en El síndrome de Papá Noel
  • Alicia en El síndrome de Don Quijote
  • Dayamí en Libros recomendados · Febrero 2026
  • Raul Torres en Libros recomendados · Febrero 2026

Copyright © 2026 ·Executive Pro Theme · Genesis Framework por StudioPress · WordPress · Acceder

Contactanos

%d